Los hombres no tienen alas. Pero nosotros las construiremos
Dédalo el maestro que diseño el laberinto del minotauro, Dédalo el genio, que invento naves que navegaban bajo el mar, cohetes que derribaban muros, lentes que unidas permitían ver las mas lejanas estrella.
Cayó una ves, cayó desde la gracia y acabo siendo un hombre derrotado haciendo la misma figura de arcilla una y otra ves... un niño con alas la única cosa que hizo sobre la que no tenia control, lo único que había amado de verdad, Icaro, su hijo.
Dédalo era el mejor artesano de Grecia, había nacido en Atenas, el aprendió su arte de la propia diosa Atenea. Pero su mayor deseo era volar, surcar los cielos como si fuera un ave, sin embargo su hijo Icaro no tenia nada tan elegante, incluso sus manos eran torpes y poco hábiles.
Pero paso algo que lo cambio todo, un niño entro a sus vidas, un niño de oro con un don de los dioses, Talos; el era sobrino de Dédalo, un prodigio aprendiz, el era capaz de reparar todo lo que Icaro estropeaba.
Parecía como si los dioses les hicieran bromas, Talos el hijo de su hermana gozaba del don de la creación, del ojo agudo y el cerebro como si los dos niños se hubieran confundido de padre, pues Talos, era la clase de hijo con que Dédalos soñaba.
Dédalo observaba como trabajaba el niño, veía su inteligencia, su curiosidad, las ideas que surgían de el, Dédalo veía todo eso y era como si le clavaran un cuchillo en el corazón.
Día a día, Icaro parecía mas lento, mas torpe comparado con su brillante primo; aveces al anochecer Dédalo subía al tejado con los niños detrás de el, desde ahí observaban a toda Atenas, a las aves y observaban a los buitres, volando, planeando o parados en el aire.
Icaro se aburría muy fácil de estar observando a las aves, no mostraba el mismo interés por esos seres vivos como su padre o su primo, por lo que siempre era el primero en bajar a dormir.
Cierto día en que ambos se quedaron solos en el tejado, Dédalo le pregunto a Talos si era muy grande su deseo de volar? Talos respondió que si, Dédalo entro en un estado de locura, y arrojo a su sobrino desde el tejado.
Talos cayó, girando y rodando como una estrella de mar, callo tan lentamente que Dédalo le pareció que caería para siempre, que nunca se estrellaría, que estaba volando, pero el suelo lo despertó, ascendió hasta Talos y le concedió su sueño.
Lo asesino... el no quería hacerlo, el no sabia lo que hacia, fue el dolor. Su corazón se rompió, al ver el cuerpo del niño pensó "que si pudiera haber caído el en su lugar, si pudiera retroceder en el tiempo a esos segundos de demencia" pero el no podía... no podía.
Bajo rápidamente las escaleras a buscar a Icaro, y huyo de Atenas como un asesino... padre e hijo viajaron por toda Grecia, Dédalo vendía dibujos, juguetes, trabajando para reyezuelos y tiranos, malgastando su talento en miserias temiendo la noche y el dormir, soñando con una caída infinita.
Nunca se asentaron en un lugar fijo, vagaron sin rumbo, hasta que un día zarparon a la Isla de Creta... ahí en el exilio quien en viejos tiempos había sido un artesano, ahora hacia juguetes para niños y los vendía en el mercado. Sus soldados de juguetes desfilaron para la multitud, hasta que llegaron a manos de un soldado de carne y hueso, el cual se lo dio como un preciado regalo a su rey Minos, el rey de Creta.
Minos le dijo a Dédalo que no le importaba lo que había pasado en Atenas, pero quería que le diseñara una jaula, pero no era cualquier jaula, ya que era para una criatura especial, por lo que necesitaba una jaula especial. Dédalo acepto sin rechistar y de inmediato puso a trabajar su mente... según la leyenda cuenta, ese laberinto fue diseñado como el propio cerebro, duro mas de un milenio en pie.
Minos guardaba dos secretos... uno quien era el minotauro y el segundo, era como salir del laberinto. Para desgracia de Dédalo, el conocía ambos, por lo que el junto con Icaro fueron encerrados en el, ahí en alguna parte del corazón del laberinto junto con la bestia.
Dédalo leía todas las señales, trucos e ilusiones del laberinto como si fuera un libro... y cuando el minotauro casi los tenia atrapados, Dédalo golpeo un muro, se abrió una puerta y fueron salvados. Dédalo e Icaro se salvaron del minotauro y del laberinto, pero estaban sin dinero y si los descubrían con vida, estarían muertos, parecía que estaban destinados a morir en aquella cruel isla.

Cierta noche un buitre bajo y se paro sobre un roca junto a ellos, Dédalo de inmediato ideo un plan y con su manta envolvió al buitre, lo azoto contra el piso y lo golpeo una y otra ves ves con una piedra, esperando así que bajaran mas buitres para darles el mismo final. Dédalo quería plumas, el haría alas para poder escapar de la isla cretense volando cerca de las nubes.
A la mañana siguiente Dédalo atrapo a mas buitres, robo un panal de abejas e hizo cera de esa miel. Pego con esa cera las plumas a una varas de madera siempre cuidando detalladamente el diseño de las alas.
Dédalo le dijo a Icaro que volara cerca de el, que no volara tan bajo, por que la brisa del mar mojaría sus alas y que no volara tan alto, por que el calor de sol derretiría la cera de sus alas.
Dédalo abrazo muy fuerte a su hijo a la orilla de la colina y luego lo beso, parecía un gran parajaro que alimentaba a su hijo con el pico, o un hombre que deseara pasarle toda su sabiduría a su torpe hijo. Dieron la vuelta corriendo hasta caer por el acantilado y arriba, arriba se alejaron de las tierras dominadas por Minos volando.

Pero Icaro se alejo de su padre... mientras la tierra se empequeñecía a sus pies el atravesaba las nubes, olvidando los consejos y las promesas, Icaro volaba solo, cada ves acercándose mas al sol... y gota a gota la dorada cera se derritió.
Cuando Dédalo mira hacia atrás, no encuentra a su hijo. En la inmensa superficie de las aguas, dos alas negras flotan perdidas, tan perdidas como el sueño de vivir la libertad. Icaro cayó al mar que hoy lleva su nombre (Icario)
Dédalo conteniendo su infinita desesperación, busca el cadáver de su hijo, sobrevolando mil veces el lugar donde cayera, pero sólo las alas blancas, señal de la muerte del joven, flotan deshechas en el mar. Según una leyenda el propio Heracles se encargó de darle sepultura en la isla Doliquea.
Tal parecía desde que Talos cayó desde el tejado en Atenas, Icaro ya estaba condenado, como si un solo hilo los tuviera unidos. Talos cayó, Icaro cayó y Dédalo cayó (animicamente hablando).
Dédalo levanto el vuelo llorando rumbo al noroeste, hacia Sicilia, hacia el rey Cócalo.
Cócalo dio la bienvenida al artista y Dédalo trabajo de nuevo haciéndose cargo de un embalse en el río Alabón, unos baños en Selinunte, una fortaleza en Agrigento, y una terraza para el templo de Afrodita en el monte Érix. Dédalo era considerado el inventor por antonomasia, el supremo creador de instrumentos.
De hecho, vació los ojos de las estatuas por primera vez y separó sus piernas para dar sensación de mayor movilidad.
Pero ahora no solo hacia edificios, armas y maquinas, también hacia muñecos, en especial un niño de arcilla con alas.
Dédalo se culpaba de todo, aveces se sentaba en su mesa de trabajo ajustando un tornillo o afilando un cuchillo, llorando en silencio. Solo los niños le alegraban, el rey Cócalo tenia dos hijas y cuando ellas iban a visitar su taller, el pueblo decía que era el único momento en que el sonreía.
Dédalo tenia un asunto por resolver con Minos... Dédalo lo culpaba de la muerte de Icaro, y Minos lo quería ver muerto por que le conocía sus secretos, Minos no descansaría hasta encontrarlo.
Minos lo busco día y noche llevando con el una caracola con el, de reino en reino. El prometía un gran tesoro a aquel hombre que atravesara toda la caracola con un fino hilo. Por su puesto, solo había un hombre en toda Grecia que podría lograrlo.
Cuando llego a Sicilia, Cócalo se intereso mucho y le encargo la tarea a Dédalo, el con gran ingenio pego el fino hilo a una hormiga, la cual la dejo dentro de la caracola esperando a que ella encontrara la salida hasta el otro extremo.
Cócalo le presento la caracola a Minos, y el dio la recompensa del tesoro, Minos dijo que solo el genio errante Dédalo podía haber logrado semejante hazaña, que lo quería ante el o haría desembarcar a todo su ejercito con las armas creadas por Dédalo. Cócalo acepto, Minos estaba tan contento por encontrarlo que hasta se baño para la fiesta de la ejecución de Dédalo.
Pero mientras se bañaba y tenia el vapor rodeandole, en un baño diseñado por Dédalo, Dédalo planifico su ideas. El conocía todas las tuberías del baño y usando agua calentada en un caldero, la vertió sobre ellas cuando comenzó a hervir.
El agua se llevo a su hijo y el agua se llevo al rey.
Pero la venganza no alivia ni concede la paz. Dédalo sobrevivió, pero aveces desearía haber muerto, en ocasiones mientras estaba sentado en su taller, día tras día mirando la nada, desearía haber vuelto a Creta y sufrir una muerte rápida, en lugar de sufrir esa muerte lenta que sentía en su interior.
Dédalo podía hacer cualquier cosa, excepto regresar el tiempo o modificar el pasado ni convertir la duras y frías estatuas en carne

